sábado, 15 de mayo de 2010

El videojuego, un arte.

¿Es realmente el videojuego un arte?. Yo creo que si. Comparemos por ejemplo una saga conocida como Half-Life, de Valve. Este juego (inacabado y sin fecha para la salida del último episodio) nos narra las aventuras de Gordon Freeman, un científico que participa en un experimento científico fallido que desemboca en la apertura de una vía, por dónde la humanidad sufrirá una invasión que hará sucumbir a la especie humana a la total sumisión de estos invasores. Básicamente, este juego nos narra una historia como si de una novela se tratase, con una diferencia; la interacción. En cierta medida, en un videojuego puedes tomar decisiones y/o participar de una manera muy activa al transcurso del argumento, pero la novela solo narra la historia. Esto sólo ha sido posible gracias a los avances tecnológicos en la informática.

Como en todo tipo de arte, en los videojuegos existen los conflictos entre que debe ser considerado arte, o una simple producción para la masa sin más intención que vender copias y lucrarse. Remontémonos pues a los principios de una gran saga que tiene como protagonista a un fontanero bigotudo; Mario. Este personaje creado a principios de los 80 empezó como personaje secundario en el juego Donkey Kong, pero rápidamente adquirió popularidad en el juego que tenía por título su nombre; Mario Bros. El juego de plataformas tenía como único argumento el deber de Mario para salvar su amada princesa. De una jugabilidad excepcional, el juego tuvo una popularidad inesperada.

Entonces apareció el problema. Nintendo vio que el juego era una gran fuente de dinero, y lo explotó al máximo (y lo sigue haciendo). Sacó el Super Mario Bros, Yoshi's Island Adventures, Mario Bros 2, y un largo etc. Hoy en día Nintendo sigue explotando su italiano bigotudo. La principal consecuencia de esta explotación es la bajada de calidad de la obra, ya que solo se realiza para la masa que va a gastar dinero para adquirirla. En pocas palabras, Mario ya no es lo que era, por lo tanto, ya no se considera arte, es solo un producto moldeado a gusto del consumidor.

De estos ejemplos existen miles y miles. Y lo peor de todo es que las buenas obras suelen acabar en un basto producto. Siempre nos quedarán juegos como CaveStory, Duke Nukem, Warriors of Might and Magic, y un sinfín de juegos que ahora se llaman "retros".

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